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Archive for 16 mayo 2015

Cuando un servidor era aún más joven y “dictaba” en España un tal Francisco Franco, existía la costumbre de recurrir a los geranios, planta de buen arraigo donde las haya, para adecentar cualquier terreno urbano por donde fuera a pasar la anunciada comitiva de tal o cual títere “ministrado”, cuando no del propio dictador en persona.

Como por arte de magia, terrenos, parterres o fuentes que durante años habían servido de cagadero, despertaban como los jardines de las mil y una noches.

El día en cuestión, las plantas recién regadas, nos regalaban un barniz de lozanía envidiable.

Luego, una vez cumplida su misión, algunas pegaban y otras se incorporaban al terreno en forma de compost.

Los geranios que conseguían sobrevivir, quedaban ahí como mudo recuerdo del disparate.

Desde esa oscura época a la actualidad, han pasado algunos años y miles de gandules, chupapresupuestos, corruptos, estómagos agradecidos, entre los que se ha colado algún político decente. Sin embargo, los geranios siguen ahí, aunque disfrazados de los más variopintos atavíos.

Entre los más destacados se encuentran algunos aeropuertos sin aviones, circuitos de velocidad sin coches, etc. Todas ellas instalaciones construidas para glorificar al descarado de turno, cual si de un nuevo faraón se tratara.

De repente, a dos meses de las elecciones, que nos las quieren convertir en una llegada de Franco, pero cada cuatro años, aparece el dinero para asfaltar vías, acabar enlaces o remodelar instalaciones.

Lo que no se movió en tres años y diez meses, se finaliza en dos, con el consiguiente peligro de hacerlo mal.

En mi isla, sin ir más lejos hay un muelle sin barcos un estadio con-sin pistas de atletismo y varias vías peatonales sin peatones, pero dejemos las vías y el estadio para otro momento y centrémonos en el muelle, ya que es este un geranio singular, por no decir que único. El muelle de Arinaga es el compendio de todos los despropósitos habidos y por haber. Alguien dirá que es una obra para el futuro, pero cuando ese futuro llegue, sospecho que ya no nos quedará ni presente.

¿Se imaginan esa obra en un municipio que se envuelve en la bandera del crecimiento sostenible? Pues sí, se envuelve.

¿Se imaginan esa obra en un municipio con un gobierno municipal de corte progresista? Pues sí, al menos así se autodenominan

Lo cierto es que ante lo evidente, todavía no he escuchado alguna voz que se alce para pedir disculpas por la barbaridad.

Hoy, los que ayer argumentaban a favor, tienen que sobrevivir con el baldón de saber que ese geranio, aparte de cargarse la riqueza pesquera de Arinaga, embarrar los fondos marinos y destruir zonas de cría, solo sirve como depósito de dos actividades altamente contaminantes:

El desguace de barcos y el almacenamiento de asfalto. Lo del generador de energía eólica, vamos a dejarlo, porque para eso no hacía falta un muelle.

Lo cierto es que en época de elecciones, a parte del crecimiento forzado de los geranios, la población se ve afectada por el SAP o Síndrome de Amnesia Preelectoral. Enfermedad consistente en olvidarse de las barbaridades cometidas y volver a votar de nuevo al político que las cometió. Este es un síndrome que afecta mayoritariamente a los votantes con reminiscencias tardofranquistas, pero que a veces se contagia al resto de la población.

Con el ánimo de contribuir a la repoblación del terreno, he decidido sustituir el geranio por esta tunera india y si las púas le molestan a alguien, ya sabe… ajo y agua.

LA RECETA.-

Ahora que las caballas están viniendo grandes como “carallo do mandingo”, que diría el gallego, podemos agenciarnos un par de ellas en la pescadería para preparar unos lomos de caballa marinados.

CABALLA MARINADA.

Lo primero es decirle al pescadero que le saque los lomos a dos caballas de 1kg aproximadamente. Cuanto más grandes mejor.

Luego, en casa y con tranquilidad las despojamos de todas las espinas posibles.

Una vez limpias las untamos por el interior con una mezcla de ajo granulado, guindilla molida, sal, azúcar moreno y cilantro muy picado. Las emparejamos y atamos bien con film y las ponemos en una bandeja con un buen peso encima. De ahí a la nevera durante 24 horas, vuelta y otras 24.

Pasadas las 48 horas, sacamos los lomos y les retiramos el marinado sobrante.

Los fileteamos finamente con ese cuchillo japonés que nos regalaron p’al cumple y lo servimos en plato llano con chorrito de aceite te lo juro, o sea y unas gotitas de zumo de lima.

Al ladito un plato con tostadas caseras de pan rústico, unas laminitas de pimiento asado y cebolla muy picadita.

Ni se te ocurra comentárselo a los de Plafter Chef. Seguro que no les da “bien en boca” ni les cuadra el maridaje.

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