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Archive for 14 julio 2014

 

Siempre pensé que los contenedores marítimos tenían un uso más bien limitado, pues salvo su utilidad como garaje, oficina o vivienda provisional, siempre que se cuente con un generoso sistema de refrigeración, la cosa se reducía al almacenaje protegido y poco más… Hasta el Sábado 12 de julio a las nueve de la noche. A partir de ese momento supe que convenientemente apilados y ensamblados, se pueden convertir en auditorio improvisado para deleite de muchos.

¿El resto? Un servicio de guaguas rayando la perfección con “flashmob” incluido , una organización ejemplar, un público acorde con el espectáculo y una FILARMÓNICA así, con mayúsculas lo mismo que el CORO. Cuando sonaron los acordes de la Guerra de las Galaxias, he oído varias versiones y en distintos escenarios, se me pusieron los pelos como escarpias. Allí pude sentir a través de la música la presencia de El Halcón Milenario, La princesa Leia, Han Solo o Chewbacca. Esa bendita noche aprendí quien era Erich Wolfgang Korngold y pude deshacerme de la sobreactuada figura de Errol Flynn, para escuchar una hermosa banda sonora. Allí, entre contenedores supe que Sergei Prokofiev había compuesto música para el cine, en cuyos acordes se podían descubrir matices de Pedro y Lobo.

Sin embargo, a esta tarta la faltaría la guinda si no mencionara el sonido, como pieza fundamental del armazón.

Podría decir que Antonio Miranda y Blas Acosta, estuvieron sublimes, `pero sonaría casi cursi y no daría idea de lo que quiero expresar. En realidad quiero decir que lo bordaron, que se podía escuchar hasta el zumbido de la mosca pesada, intentando sacar partido de las raspas de chocolate, en el dedo de la violonchelista. Eso y más fue el sonido.

El complemento al concierto lo pusieron las grúas pórtico con su necesario y casi poético run run para mantener la iluminación, las murallas de contenedores protegiendo el recinto, las luces de las amenazadoras plataformas petrolíferas, en un aparente descanso nocturno, los mil y un ojos de los edificios de la avenida, las luminarias de la ciudad alta… y la luna, una luna inmensa y redonda que acabó por completar un espectáculo que recordaré mientras mis neuronas me lo respeten.

 

LA RECETA.-

 

Arroz con verdura y taquitos de albacora.-

No se por que, los popes de la cocina siempre explican las recetas para cuatro personas. ¿ Y si somos dos? O si estás solo. ¿Te imaginas que los comensales sean un número impar? Si me descuido, me veo hallando el mínimo común múltiplo y sacando decimales.

El caso es que en la pescadería tenían albacora y ese día estaba solo.

Este es un plato para gente que no esté acostumbrada a comer pescado, pues la albacora tiene un sabor muy suave y no deja ese tufillo propio de algunos túnidos, como el bonito.

 

LOS INGREDIENTES:

150 grs de albacora (mejor de la ventrecha si es grande)

¼ Pimiento verde

½ Cebolla pequeña

2 Dientes de ajo.

Algo de coliflor.

1 Calabacino pequeño.

Cualquier otra verdura de temporada como alcachofa y alguna seta del momento.

1 Hoja de laurel.

1 Rama de tomillo.

1 Pimienta de la PM, pequeña.

Azafrán en rama.

100 grs. de arroz.

Sal.

Aceite de oliva.

Agua.

½ vaso de fino o manzanilla.

Se prepara un refrito con el pimiento la cebolla y el ajo, muy picados, el laurel, el tomillo y la sal. No crean que me he olvidado del aceite. Se supone que para hacer el refrito, es lo primero que va al caldero. Cuando está empezando a dorarse añadimos la verdura picada en trozos adecuados a la boca. Si ya cambiaron de color es el momento de añadir el arroz, a ser posible de la variedad bomba y saltearlo con el “verduramen”. Vamos a ser generosos con el agua, añadiendo tres veces la cantidad de arroz, algo así como 350 cc. Tostamos el azafrán, lo rompemos en la palma de la mano y lo tiramos al guiso.

Seguro que más de uno se preguntará para que quiero la albacora. Tranquilos que ya llego a ella.

Cuando el guiso empiece a espesar y el arroz esté casi aldente (guisado pero con un puntito duro en el centro), cortamos la albacora en tacos y la echamos al caldero removiendo un poquito para que queden integrada en el conjunto. ¿Por qué cortar y echar la albacora casi al final?

¡Lo adivinaron! Para que no pierda los jugos y no se pase demasiado.

 

 

 

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