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Archive for 16 marzo 2013

Hubo una época, en la que el valor de la palabra podía equipararse al de un sello estampado a fuego. Las personas empeñaban su palabra, como si de un valor económico se tratara. Te hablo de otro tiempo, en el que los pilotos de combate, acompañaban envueltos en las toses de sus biplanos, la caída del oponente sin atreverse si quiera a pensar en mover el gatillo.
Podría recurrir a miles de ejemplos para documentar el hecho, pero quiero detenerme en uno de los usos que durante mi infancia y adolescencia pude constatar en más de una ocasión.
Lo que les quiero contar, acontecía cuando arrimaba a la costa algún manterío* de sardinas y el avispado ojeador marcaba su presencia abanando la prenda que tuviera a mano, ya fuera toalla o simple camisa.
Avisados los pescadores, se aprestaban a botar la barquilla, con el chinchorro preparado en la popa, uno de cuyos cabos quedaba en tierra en manos de la cuadrilla que, una vez cercado el manterío, empezaría a tirar al mismo ritmo que la cuadrilla del otro extremo, hasta poner el copo en la orilla.
El caso es que para no perder el hilo de mi historia, quiero centrarme en la figura del abanador del manterío.
Una vez recogido el fruto del copo, se distribuían las partes correspondientes a los que tiraban y, muy importante, la parte que correspondía al que había avistado las sardinas. Era una ley no escrita, pero que se cumplía a rajatabla entre los pescadores
Si el avistador en cuestión, había colaborado además en el arrastre del copo. Le correspondía otra parte por haber realizado ese trabajo.
Entre la gente de la mar y también entre los aficionados, era algo que se respetaba escrupulosamente.
Para ilustrarlo, te voy a contar algo que viví en primera persona:
Una tarde de septiembre de hace … taitantos años, mientras cogía unas lapas para el enyesque nocturno, localicé bajo una piedra algo parecido al rejo de un pulpo. Intenté en vano sacar al cefalópodo de su escondite, pero, sin la herramienta adecuada, era empresa imposible. Continué en mi aprovisionamiento laperil, cuando de pronto se me acercó un señor que venía pulpeando y alargó hacia mi bolsa el escurridizo pulpo. Cuando lo rechacé, argumentando que él lo había sacado de la cueva, me respondió:
El pulpo es suyo, usted fue el que lo vio.
De alguna manera mi vecino de orilla, estaba reconociendo que yo había abanado la presencia del animal.
Desde estas letras, mis más sinceras gracias por el detalle y por haberle dado tan grata compañía a las lapas.
Hoy las cosas son distintas. En política, nos toca sufrir un gobierno que ha puesto la palabra empeñada a la altura del betún, con perdón para el honorable abrillantador de zapatos. Un ejemplo claro lo tenemos en La Cospedal, que para justificar el desatino del caso Barcenas se ha metido en un jardín, que ni el famoso idem de las Hespérides.
En el acontecer diario, nos hemos perdido el respeto de tal manera que casi somos incapaces de reconocernos en el espejo de la memoria y lo peor de todo es que siempre encontraremos argumentos para justificar los pisotones que damos. Tal vez deberíamos acostumbrarnos a dar la cara, aunque corramos el riesgo de que nos la partan.
MANTERIO: conjunto de peces en grandes cantidades= banco de peces

LA RECETA: SARDINAS FRITAS CON PAPAS SANCOCHADAS… DE OTRA MANERA
INGREDIENTES: PARA 4 PERSONAS
16 SARDINAS.
4 PAPAS GRANDES.
PAN RALLADO.
2 HUEVOS.

HARINA
2 TOMATES MADUROS,
½ CEBOLLA.
1 PIMIENTO VERDE
PEREJIL
SAL
ACEITE DE OLIVA
VINAGRE

En honor a aquellos que propiciaron la existencia de la humilde sardina en nuestras mesas, vaya esta sencilla receta, que tiene más de trabajo que de dificultad.
Vamos a coger cuatro sardinas grandes por persona y les vamos a quitar la cabeza y el espinazo, dejándole la cola. Si te encuentras con un pescadero “enrollado”, es posible que les quite las espinas el mismo y si no, pincha en el siguiente enlace para ver como se hace.

También puedes comprar los filetes de sardina ya preparados, … pero sería una cobardía, eso sin contar que no estarán tan frescos como los que tú hagas.
Una vez superado el trámite de la espina, se lavan bien las sardinas, se les echa la sal necesaria y un poquito de pimienta, dejándolas reposar unos diez minutos. A continuación se secan bien y se pasan por harina, huevo y pan rallado, para freírlas en aceite bien caliente, lo justo hasta que dore el empanado, procurando que el interior quede jugoso.
Pica la cebolla, el pimiento y el tomate en daditos muy pequeños y prepara una vinagreta suave, añadiéndole el perejil picado lo más fino posible.
Coloca en una fuente las papas cortadas en rodajas de un centímetro aproximadamente.
Cubre las papas con la vinagreta y coloca las sardinas, cuando todavía están calientes, sobre la vinagreta. De ahí a la mesa y … buen apetito.

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