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Archive for 25 noviembre 2011

Intentando poner luz a unas declaraciones del Presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales en las que comparaba al España con el Titanic, dediqué todo mi esfuerzo a saber un poco más de los dos, Joan Rosell y el mencionado barco. De ambos hay información en la RED. Ciertamente, mucha más información sobre el Titanic que sobre el capo di tuti capi empresarial, pero aun así podemos saber que es hijo y nieto de banqueros, que se licenció como Ingeniero Industrial y que realizó incursiones en el mundo político con desigual fortuna. Unas veces perdió y otras…  no ganó. Lo cierto es que, a juzgar por los anteriores mimbres que rigieron los destinos de la citada organización empresarial, no podemos decir que al frente de la misma hayan colocado a lumbreras económicas sino todo lo contrario.Eso si, en el arte de joder al prójimo se han doctorado sobresaliente cumlaude.

En el caso de Joan Rosell, la cultura que se le supone, debería encaminarlo a escoger mejores ejemplos a la hora de decir que todos, el también, debemos apechugar para que el país salga de esta asquerosa crisis en la que estamos metidos hasta la nariz.

Supongamos que el Titanic es la tan cacareada economía de mercado. ¿Acaso fueron los trabajadores de los astilleros los que eligieron reducir la calidad del acero con que se fabricaron las planchas? La decisión se tomó en un despacho de empresa sin la intervención, faltaría más, de los obreros de la fundición.

¿Tal vez fue un marinero el que eligió la ruta para atravesar el Atlántico? La fijó el capitán de acuerdo con los planes de la Naviera, otra vez la empresa, interesada en reducir costos eligiendo el trayecto más corto.

Y así, uno tras otro, todos los errores que llevaron al Titanic a las profundidades, fueron cometidos por la gente que tenía poder para tomar decisiones. Aquí un despiste del oficial de guardia en el puente, allá un olvido del oficial de comunicaciones, etc.

Ni uno solo de los disparates que ocasionaron el desastre se debió a la negligencia de la tripulación, que sin embargo fue la que pago las consecuencias.

Claro que la cosa no anduvo mejor entre los pasajeros, pues mientras el pasaje de primera disponía de botes salvavidas, el resto tuvo que conformarse con permanecer a bordo esperando un milagro.

De la misma manera que ni los tripulantes ni los pasajeros fueron responsables del hundimiento del Titanic, tampoco los ciudadanos, albañiles, carpinteros, médicos, maestros o funcionarios de la administración, somos culpables de la situación en la que nos encontramos.

Para encontrarlos hay que rebuscar entre la clase banquero-politico-empresarial, que con sus decisiones ha llevado al país al estado en que se encuentra. Claro que, no por eso han dejado de llevar el nivel de vida habitual. Mientras que nosotros nos afanamos en ahorrar el último céntimo en los establecimientos más baratos, ellos siguen llenando los salones del penúltimo “Bistró” a “taitantos” Euros el menú de degustación.

Por eso, señor Rosell, apelando al nivel cultural que se le supone y para evitarle a sus antepasados la vergüenza de un dinero mal invertido, en aras de su educación en colegios de pago, le recomiendo que elija mejor los ejemplos a la hora de impregnarnos con su saber. En caso contrario corre usted el riesgo de convertirse en otro payaso incapaz de sacarnos una sonrisa.

LA RECETA.-

Rebuscando en el recetario casero de mi infancia, me vienen a la memoria unos manojitos de longorones fritos que hacían las delicias del pleno familiar. Con mis padres aprendimos a prepararlos y hoy los traigo aquí por si a alguien le apetece.

Para el asunto solo hace falta una cantidad apropiada de longorones “boquerones para los de p’a fuera”, sal, harina, aceite de oliva y unas gotitas de vinagre de Jerez. También puede hacerse con sardinillas, siempre que no sean demasiado grandes.

La cosa consiste en lavar bien el pescado, escurrirle bien el agua y añadirle la sal y el vinagre suficiente para matarle la babilla que forma la piel y volver a escurrir. A continuación lo ponemos en un recipiente con abundante harina del que los iremos sacando de cuatro en cuatro y los pegaremos por la cola, apretando entre el índice y el pulgar.

La harina debe ser de la de freír, que por ese nombre la venden. Yo suelo mezclar harina de trigo con harina de garbanzos para que queden mas crujientes

De allí, al aceite bien caliente, con cuidado de no subir demasiado la temperatura para que no se queme la harina.

Deben quedar bien crujientes y se pueden acompañar del preceptivo mojo de cilantro con papas sancochadas y una ensaladita sin pretensiones.

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