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¡Oiga, tremendo revuelo el que se armó con la cancioncita!

Creo que la mayoría estará de acuerdo en que el origen de la música es el folclore de los Askenazis que, en contra del parecido fonético, no tiene nada que ver con los nazis- Se conoce como Askenazis a la comunidad judía de Europa central.

El caso es que por mor de las migraciones llega a Estados Unidos y se graba por primera vez en 1919. Ahorraré los nombres de autores, discográficas y demás etc., porque no es el objetivo de este post.

Lo cierto es que, también por obra de las migraciones, la pegadiza tonada, acaba en los campos de cultivo de Italia donde dicen que la tarareaban las mondinas o trabajadoras de los campos de arroz en el norte de Italia y de ahí a convertirse en himno de la resistencia italiana conocida como Resistenza partigiana, fue cuestión de tiempo.

Hasta aquí la música pero, ¿Qué pasó con la letra?

Nadie se pone de acuerdo sobre la autoría de la letra, pero ahí está y habla de lo que habla.

Me he permitido la licencia de elegir una traducción al castellano lo mas fiel posible a la original italiana.

Como verán y lo digo con toda la carga irónica de que soy capaz, la letra tiene un sesgo político horripilante.

Allá va:

Traducción del ‘Bella Ciao’ al castellano: ‘Adiós bella’

Una mañana me desperté.

Adiós bella, adiós bella, adiós bella, adiós, adiós.

Una mañana me desperté

Y encontré al invasor.

¡Oh! Partisano, llévame contigo.

Adiós bella, adiós bella, adiós bella, adiós, adiós.

¡Oh! Partisano, llévame contigo

Porque me siento morir.

Y si yo muero de partisano.

Adiós bella, adiós bella, adiós bella, adiós, adiós.

Y si yo muero de partisano

Tú me debes enterrar.

Enterrar allá en la montaña.

Adiós bella, adiós bella, adiós bella, adiós, adiós.

Enterrar allá en la montaña

Bajo la sombra de una bella flor.

Y la gente que pasará

Adiós bella, adiós bella, adiós bella, adiós, adiós.

Y la gente que pasará

Me dirá ¡qué bella flor!

Y ésta es la flor del partisano,

Adiós bella, adiós bella, adiós bella, adiós, adiós.

ésta es la flor del partisano,

muerto por la libertad.

Y ésta es la flor del partisano,

muerto por la libertad.

Observen que, además de Bella ciao, la palabra que mas se repite es Partigiano.

Puesto que sobre los términos bella y ciao no cabe discusión en cuanto a ser demasiado políticos, centrémonos sobre el Partigiano, que es donde la cochina tuerce el rabo.

El movimiento Partigiano es un conglomerado de ciudadanos y ciudadanas de Italia, que se levanta contra la invasión Nazi y contra sus homónimos italianos liderados por Benito Mussolini, o sea el fascismo.

¿Por que digo que es un conglomerado? Porque lo forman personas de distinta ideología, cuyo único fin es liberar a su país del fascismo. Democristianos, comunistas, liberales, socialistas, Partido d’Azione, partido popular italiano, monárquicos, anarquistas, etc., se unen para luchar contra la ocupación Nazi y la República Social Italiana de Mussolini, que de república tenía poco, de social menos y la única verdad es que era italiana. O sea, todos a una contra el fascismo.

Que alguien me diga, por la clámide de Tiberio, donde esta el peyorativo político de la canción.

Es el himno de todos contra el fascismo y si alguien quiere una definición actualizada sobre lo que es el fascismo, que busque la interpelación de Pedro Quevedo Iturbe a Santiago Abascal, cuando su moción de censura…. Pero si hasta el PP italiano estaba en el ajo de la «Partigiania»

Que lo relatado de la parte italiana, lo desconozca Pablo Moto, solo da la medida de cuales son sus limitaciones como presentador. Que lo desconozcan Pablo López, Antonio Orozco y Luís Fonsi, a fin de cuentas, no son italianos, pero que lo desconozca Laura Paussini, es un error imperdonable.

Dicho esto, solo me asalta una duda:

¿Si no es por ideología, por que es?

¿Por miedo a perder clientela? ¿Por quedar bien?

La pelota, en su tejado.

LA RECETA.-

Fosforitos.-

Ingredientes.-

1 Berenjena grande

150g de Harina

4 cucharadas de Maizena

Agua

1 cucharada de sal

Miel de palma de la Gomera.

Virutas de jamón ibérico

Aceite de oliva.

Vamos al invento.-

Pelamos la berenjena y la cortamos en rodajas de medio centímetro, más o menos.

a continuación cortamos las rodajas en palitos de la misma medida.

Ponemos a remojar los palitos en abundante agua con la cucharada de sal.

Despues de una hora, sacamos los palitos y los escurrimos muy bien en papel de cocina.

Ahora ponemos las dos harinas en una bolsa de plástico y echamos los palitos para que se rebocen bien.

Calentamos el aceite a 150ºC más o menos, pera que no se queme demasiado la harina y freímos los palitos hasta que estén crujientes, detesto crocante.

Escurrimos los palitos («fosforitos») en papel de cocina y los pasamos a una bandeja. Rociamos con la miel de palma en finos hilillos y regamos por encima con las virutas de jamón.

Se puede decir que esto, si no fuera por la miel de palma, es un antipasto de lo mas italiano.

Hacía rato que el zoológico del pasillo andaba revolucionado. Primero fueron dos voces poco conocidas a la que se sumó una tercera cuyo idioma era inconfundible, a la par que entendible, por cualquier animal de peluche que se precie. De hecho, fue el perro detective, el primero en exclamar:

  • ¡Hay un momó!

Ciertamente, se trataba de una momó, acompañada de sus porteadores que, nada más llegar, se pusieron a la tarea de adaptar el terreno a las necesidades del minúsculo ser.

El león, al que le temblaban cada una de las garras, juntas y por separado, acertó a balbucear interrogante:

  • ¿Vendrá a vernos? Mientras los felinos ojos se le salían de las órbitas.

El leopardo, más veterano en el lugar, miraba de soslayo, mientras ronroneaba.

  • No se… no sé.

A lo que el minúsculo oso polar, recién llegado al lugar, respondió.

  • Seguro que viene a vernos. Todos sabemos el cariño que nos tienen los momoes

Me han dicho que en la familia hay un exmomó llamado Jorge, al que le encantan los peluches.

En esas conversaciones andaba el pleno del zoo, cuando empezaron a sonar otras voces, más conocidas, aunque hacía tiempo que no se escuchaban por el lugar.

Eran los porteadores mayores. Dijeron, después de los saludos que se dedican los humanos, que faltaba gente por llegar y, esto ya era la repanocha y el despelote, venia otro momó.

Pasó un buen rato. Casi habían perdido la esperanza, cuando por la puerta del pasillo apareció la silueta inconfundible de la primera. Al encenderse la luz, se confirmaron sus sospechas.

Era Gara que, con su aire de turista accidental avanzaba con la mirada puesta en un animal al que reconoció al instante. ¡Era la viva imagen de su disfraz! ¡Era un león!

No hace falta decir que el animal fue adoptado de inmediato y pasó a sentarse con el abuelo porteador, pero detrás del león salieron el leopardo, el perro detective y hasta el minúsculo oso polar llegó al salón cuando apareció el momó más pequeño al que llamaban Pablo, aunque a Pablo, lo que mas le gustaba era observar con sus dos preciosas linternas oculares. Mas que mirar parece que iluminaran lo que veian.

Los animales no salían de su asombro. Allí estaban, además de los momoes y sus respectivos porteadores, Lucía y Jorge que, seguían teniendo porteadora a pesar de haber abandonado hacia un buen tiempo la momoescencia. El leopardo los recordaba muy bien. Ellos habían dormido en la casa y se habían paseado por la senda de las zapateras.

El leopardo que era el más veterano, los recordaba bien a todos, excepto a los dos momoes, que eran nuevos para la totalidad del zoo y eran los que habían desatado el jolgorio y la estampida.

De la misma forma que empezó, de forma gradual, la sinfonía coral fue disminuyendo hasta quedar en un dúo rutinario de viejos porteadores, que fueron conduciendo cada cosa a su sitio y cada animal a su echadero. Solo quedó en el aire en tintineo del cristal y el run run del lavavajillas.

Hace un momento, mientras tecleaba este relato, sentí la mirada del león clavada en mi espalda y, al girarme, me pareció percibir un leve temblor emocionado. Tal vez sería porque el que estaba temblando de la emoción por la noche vivida era yo.

Si les digo que, en las próximas líneas, voy a escribir sobre el Nuestra Señora de Las Mercedes, habrá personas a les que le suene a chino mandarín o similar.

Para empezar, les diré que se trata de una Fragata de la armada española, construida en los astilleros de La Habana y botada en 1786. Dicha nave, estuvo operativa hasta el 5 de octubre de 1804 cuando, en un acto de piratería al más puro estilo británico, fue hundida frente al cabo de Santa María, en el golfo de Cádiz.

Si a pesar de ello, la cosa sigue sin sonarles, les diré que sobre la historia del expolio de sus restos por parte de los filibusteros de Odissey, construyó Alejandro Amenábar, La Fortuna.

Un barco que partió del puerto de Montevideo el 9 de agosto de 1804 y rindió viaje 208 años más tarde en la base aérea de Torrejón.

El expolio del Nuestra Señora de las Mercedes fue perpetrado con autorización y alevosía, pues el Odissey Explorer contaba con todas las bendiciones del gobierno español, además de estar apoyado por políticos quintacolumnistas a los que importaba más el provecho personal, que los intereses del estado.

Que cada cual decida si le interesa saber quién era presidente del gobierno español en esa época y cuanto le importaba al jefe del estado el expolio del pecio.

Lo cierto es que, a pesar da la espectacularidad del caso, las casi seiscientas mil monedas de oro y plata recuperadas, no son más que la punta un iceberg llamado “Expolio arqueológico español”

Fueron las tropas de Napoleón, durante la guerra de la independencia, las primeras que se entregaron con afición al saqueo de cuanto castillo, palacio, convento, iglesia o hacienda, encontraron en su camino y, visto lo sucedido hasta la fecha, no me extrañaría que también hubieran contado con sus propios quintacolumnistas arqueológicos.

Quien, si contó con el apoyo y la influencia del gobierno de la época, a nivel de ministro, fue el corsario disfrazado de hispanista Arthur Byne que, durante la dictadura de Primo de Rivera, expolió el patrimonio arquitectónico español y se lo llevó a Estados Unidos piedra a piedra.

Su historia es un cúmulo de actos vandálicos con el único fin de venderlos al mejor postor, que solía ser el magnate de la prensa estadounidense Williams Randolph Hearst

A pesar de ello, fue condecorado en España, por su contribución a difundir la cultura española.

Extraña manera de difundir la cultura, diría yo.

En cualquier caso, lo del expolio arqueológico en España, no ha parado y en la actualidad, existen auténticas mafias que se dedican a perseguir los descubrimientos de cualquier naturaleza, para robarlos y venderlos a coleccionistas sin escrúpulos.

Si tu lectura ha llegado a esta coma, quiero que decirte que mi interés no está en darte a conocer con detalle la situación de la arqueología en España, sino incitarte a empujar la puerta que da acceso al conocimiento de este mundo y después, que lo compartas, a ver si de una vez por todas, tomamos consciencia de que el patrimonio cultural es algo de que pertenece al pueblo y debemos ser los primeros defensores.

LA RECETA. –

No te cuento que los ingredientes están medidos, porque te engañaria.

El caso es que puse un vaso de leche entera en un calentador, la lleve a punto de ebullición, le eche 3 cucharadas de mantequilla, un vaso de harina y revolví bien hasta que se formó una masa compacta. A continuación, fui añadiendo huevos y revolviendo, de uno en uno, hasta contar tres. Mezclé 150 gramos de bacalao previamente desalado con una cebolleta, cuatro ramitas de perejil y tres ajos, bien picados. Se lo eché todo a la masa y lo fui friendo en bolitas del tamaño de una cucharada de postre colmada… Y ese fue mi almuerzo

Me hace gracia la gente que usa, a modo introducción, frases como “A estas alturas de mi vida” u otras de similar rimbombancia. Tal vez yo mismo la haya usado alguna vez.

Lo cierto es que, si me paro a pensarlo, no sé a qué altura de mi vida estoy, pues siempre me parece estar al principio de algo y al final de nada. Por momentos, a pesar de lo vivido, me parece que soy un recién nacido mental.

Tengo la extraña sensación de que, en el fondo de cualquier certeza, existe una duda razonable.

Una de las realidades poco cuestionables, que mantengo como seguras, es la ser canario.

A pesar de haber emergido a la vida en un lugar tan inhóspito como la Punta Palomas de 1950, por raigambre, por costumbres y por bagaje vital, soy canario y, uno de los grandes privilegios de serlo es que pude nacer donde me dio la gana, sin perder un ápice de mis raíces.

Estaría feo que, ahora me dedicara a ensalzar las bondades y los encantos de este pueblo al que pertenezco con orgullo y que me otorga el derecho de representarlo en las mejores condiciones.

Dejemos a parte algunas verdades inmutables como la obligación de tomarte el café que te ofrecemos, aunque sea colado con calcetín o la de comerte esa montaña bíblica que hay en el plato de invitado.

Para muestra, un botón:

Cuando ese volcán sin nombre al que todo el mundo quiere bautizar y para mi sigue siendo el volcán “Cabro-nazo”, empezó a escupir lava, desde cualquier punto de Canarias empezaron a llegar cosas, hasta que los responsables tuvieron que decir:

  • Paren de mandar coño, que ya no tenemos donde guardarlo.

Seguro que más de una y más de uno, se lo quitaron de sus necesidades para ayudar, porque esa es otra de las cualidades del canario. Si el techo de tu vecino se moja, te olvidas de las goteras del tuyo para ayudar.

Podría seguir enumerando hechos, pero no quiero dar lugar a que me llamen ombliguista, chovinista o cualquier otro ista de esos que vuelan en la literatura. Por eso quiero acabar este “minipost” con un hecho destacable por lo poco usual y mucho menos en el ámbito político.

Me refiero al cierre de filas de todos los partidos políticos, dejando aparte a las bandas de revanchistas ultramontanos, que se materializó en el parlamento de Canarias en torno al Gobierno.

Mientras que, en Madrid, una banda de trileros, tahúres y fulleros ideológicos, niegan el pan y la sal a cualquier avance progresista, en Canarias, un grupo de personas de distinta ideología y con credos varios, han hecho política de estado y han dado su apoyo a los y las que gestionan nuestros dineros, para atender las necesidades de los afectados por el volcán.

¿Somos o no somos?

LA RECETA. –

Cuentan que la ensaladilla rusa o ensalada Olivier, era una preparación de diferentes ingredientes sancochados, cocidos, hervidos o como usted diga, a los que acompañaba una especie de mayonesa en el centro del plato. Harto, el señor ruso, de ver cómo la gente lo revolvía todo, en vez de ir degustando cada cosa por separado, les ahorró el trabajo y servía la cosa ya mezclada.

Yo he ido acomodando el plato a mi gusto personal y con relativa facilidad me sale la que viene a continuación

ENSALADILLA RUSA. ¿Cuál va a ser? La mía

Avituallamiento para 6 estómagos agradecidos. –

4 Papas grandes, sancochadas con la cáscara

150 grs de aceitunas verdes, deshuesadas

2 Cucharadas soperas de alcaparras.

6 huevos sancochados.

1 Zanahoria (150 grs + 0 -)

1 Cebolla roja, lo más tierna posible.

1 Manojo de perejil, sin los tallos

2 Latas de melva

18 langostinos hervidos al dente.

Para la mayonesa. –

1 Vaso de Leche entera a temperatura ambiente

2 ½ Vasos de aceite de girasol

½ Vaso de aceite de oliva

1 Ajo

Sal y pimienta negra, al gusto

Cuando tengo previsto hacer ensaladilla, procuro empezar desde el día anterior, dejando todo lo que deba pasar por el fuego, hecho y en la nevera.

Pico en *brunoise   la cebolla, la zanahoria, las alcaparras, las aceitunas y los langostinos. Lo mezclo todo en un bol y le rocío el zumo de una lima grande o dos pequeñas. Bien tapado, se va macerando durante la noche.

También aprovecho para hacer la mayonesa y dejarla enfriándose en la nevera

En un vaso alto ponemos la leche, los dos aceites el ajo, la sal y la pimienta. Batidora a cien mil y listo. Si sale muy espesa, se puede aligerar añadiéndole un poquito de leche.

Alegría que llegó el día. En un recipiente grande, echamos los ingredientes que estaban en maceración cítrica y le soltamos tres o cuatro cachetones de mayonesa, revolviendo bien. Poco a poco iremos añadiendo las papas que habremos picadas previamente, en daditos lo más pequeños posible, al tiempo que añadimos cucharaditas de perejil bien picado y las latas de melva desmenuzadas. Cuando la mezcla este homogénea y adquiera un aspecto marmolado, la ponemos en una fuente y adornamos con notas de color verde y rojo

Con demasiada frecuencia, vemos, oímos y callamos como lerdos carneros, ante expresiones de “yutuber”, “intagramer”, tictoquer” u otras clases de “gilipoller”, refiriéndose a nuestros políticos como “políticos de mierda”.

Alguna vez con razón, pero la mayoría de ellas, con argumentos de “influidores” de parvulario.

En el fondo les importa un carajo lo que dicen, porque detrás de su pretendida sinceridad, solo se encuentra el deseo de acumular “me gusta” que posteriormente se convertirán en el dinero que les lleve a vivir en Andorra, Gibraltar o el aurífero principado monegasco.

Entiéndanme. No es que yo esté en contra de las nuevas tecnologías de la información. De hecho, fui uno de los pioneros en la introducción de estas en la escuela. De lo que estoy en contra, pero de forma frontal y a punto de choque de trenes, es de tanto cantamañanas y vendedores de humo, que buscan el aplauso fácil de la masa más o menos adormecida.

Dentro de esta mesnada de creadores de tendencias, conozco a pocos que se dediquen a despertar conciencias, mientras que son legión quienes de dedican a crear ejércitos de zombis con el dedo presto para seguir sonando la caja registradora del bocachancla de turno.

Forman un amplio abanico que abarca desde el que está en “primero de “Garicano”, hasta la que usa a sus hijos menores para grabar su desfase neuronal y venderlo como si de una tesis doctoral se tratara.

Un día, mientras compraba tinta para la impresora, comentaba con un amigo de la tienda, sobre la proliferación de estas “uber, amer, oquer y encer” y el daño que estaban haciendo a mentes en pleno desarrollo. Otro empleado de la tienda intentó rebatir mis argumentos diciendo que, a su hijo de 9 años, le había venido muy bien convertirse en “yutuber” para desarrollar su capacidad para expresarse. Lo que no supo decirme es si eso le había servido para mejorar en su crecimiento sociocultural. Lamentablemente se había quedado en la fase “es que habla muy bien por el micro sobre los videojuegos que usa”

Resulta sospechoso que la “tropa en cuestión”, sea tremendamente intransigente con los que legislan con un gramo de sensatez, pero el cambio tenga una moral bastante relajada con los corruptos y defraudadores. Tal vez sea porque estos últimos, se asemejan más a su modus operandi.

Por todo lo comentado, quisiera plantearle unas preguntas a quienes intentan igualar el resero en lo tocante a nuestros políticos:

¿No sería mejor referirnos a ellos y a ellas con nombre y apellidos?

¿No sería más práctico citar los aspectos a los que nos referimos?

Porque si medimos por el mismo rasero, corremos el peligro de dar argumentos a los que piensan que es mejor vivir sin democracia y a lo peor llegamos a la conclusión de que tenemos unos políticos de mierda, porque son elegidos por ciudadanos de mierda.

LA RECETA. – MI CARNE DE CABRA

Empezaré diciendo que no me gustan los tornillos. Por eso, cuando voy a hacer carne de cabra, le pido al carnicero una pata trasera y le digo que me la deshuese, conservando uno de los huesos para el hervor previo.

Ahí van los ingredientes de la recta:

2Kg de carne de cabra

1 Hueso de la pata

1 Pimiento pintón grande

1 Cebolla grande o dos pequeñas

2 Cabezas de ajo

1 Hoja de laurel

Tomillo, orégano y romero al gusto

1 Vaso de aceite de oliva

1 Cucharada de pimentón dulce

1 vaso de tomate triturado

1 Pimienta potente o sea PPM

Y…. Una botella de cava de esas que se quedaron sin usar en Navidad.

Lo primero que hice, fue darle un hervor de 20 minutos en la olla a presión, a la carne junto con el hueso. Mientras fui picando en dados la cebolla y el pimiento, pelando las cabezas de ajos y dándoles su pasadita con el soplete.

En el caldero donde se iba a producir el evento, puse el aceite, los vegetales y las cabezas de ajo, junto con las especies. Como es preceptivo, al final añadí el pimentón y a continuación la botella de cava enterita. En serio, enterita, porque estábamos tomando cerveza.

La dejé un ratito para que evaporara el alcohol y una vez escurrida la carne, la eché al caldero junto con el hueso. El resto fue mérito del caldero. Fuego bajito, taza de agua a mitad de la cocción y el tiempo que se tarda en leer un libro o ver una serie de TV.

1.- HABITÁCULOS Y GUARIDAS.

1.1.- EL EXTRAÑO CASO DE LA TUBERÍA INVISIBLE. –

Corrían los últimos años 60 del siglo pasado, cuando mi familia volvió a caer con los bártulos en Cádiz.

Esta vez el agraciado pueblo fue San Fernando y la guarida de turno, un conjunto de habitáculos en un edificio de la calle Murillo con el número 17 en la fachada. Allí vivíamos junto a otras familias, un número indeterminado de guardias solteros y los integrantes del servicio de información, como llamaban a una especie de policía secreta perteneciente a la benemérita.

La casa, si nos despojamos de los prejuicios derivados de su antigüedad y sucesivas modificaciones para su uso como acuartelamiento, era digna de mejor tratamiento y, como vivienda bien acondicionada, hubiera hecho las delicias de cualquier familia.

Por el portón que daba a la calle, se accedía a un patio rebosante de flores, en el que confluían todos los habitáculos del interior. ¿Las pegas? Un solo baño para todos los habitantes del recinto, la inexistencia de duchas y de agua corriente en las viviendas, cuyo único servicio, se reducía a un grifo en medio del patio.

Como escenario para un sainete de los hermanos Álvarez Quintero, hubiera estado bien, pero como realidad diaria para los que allí pernoctábamos, era una soberana mierda, cuya única responsable era la dictadura franquista y su ejecutora, la Dirección General de la Guardia Civil, a cuyo mando se encontraba el general Luis Diez Alegría, que acabó siendo jefe de la casa militar del dictador hasta la muerte de este en 1975.

El caso al que título como la tubería invisible, sucede en los últimos meses del año 1969.

Noviembre, mes en el que me incorporé al resto de la familia, fue un mes lluvioso y desagradable, al que las paredes del desvencijado patio, de vecinos uniformados de verde, recibió como esponja sedienta. Los muros festoneados de un verde musgo abundante, parecían sacados de una leyenda de Bécquer para la decoración del relato.

En uno de los descansos pluviométricos, nos pusimos a la tarea de instalar la antena del televisor. Así es, en 8 años, habíamos pasado de ver el primer televisor en una casa de Cádiz a tener el nuestro, cuyo coste era casi 2 veces el salario de un suboficial de la Guardia Civil de la época.

Salvado el paréntesis tecnológico-comercial, continuo el relato de la tubería.

Con todos los elementos a mano, me dispuse a abrir un agujero donde clavar el consabido tarugo de madera, al que enroscar el cáncamo para sujetar la antena.

Mi taladro se reducía a un martillo y un clavo de una cuarta de largo y del grueso de un bolígrafo Bic.

Aguantó la pared los tres primeros mandarriazos, como si no fuera con ella la cosa, pero al cuarto, se hundió el clavo casi hasta la cabeza y al sacarlo, manó un chorro de agua del tamaño del agujero, que duró más de medio minuto en parar.

La cosa fue de tal magnitud, que mi madre, asustada, sentenció:

-¡Acabas de perforar una tubería!

Pasados unos segundos de desconcierto, nos hicimos a coro la misma pregunta:

– ¿Qué tubería, si el agua solo llega al patio?

La razón del abundante manantial, estaba en la propia estructura de la pared. Había almacenado tanta agua de lluvia en su interior, que aprovechó el primer agujero para deshacerse de ella.

La cosa hubiera sido de anécdota, si no fuera porque en los dormitorios llovía de techo para abajo y mi familia tuvo que soportar las pésimas condiciones de la vivienda mientras nuestro padre estuvo destinado en ese cuartel.

LA RECETA. –

Por esas fechas, frecuentábamos una tienda en el camino de los astilleros de Bazán cuya dueña, la Señora Luisa,  preparaba todos los domingos una buena olla de Menudo Gaditano que, salvando las distancias, es lo más parecido a nuestros callos con garbanzas.

Es esta una receta que, hace unas décadas, había que pensársela dos veces antes de llevarla a cabo, pues su base son las fibras del estómago de la vaca y había que lavarlas a conciencia para eliminar aromas desagradables. Hoy, todo el proceso se hace en origen y se compran listos para guisar.

INGREDIENTES. –

1 Kilo de callos de ternera

400 gr de garbanzos cocidos

1/4KG de tomate triturado

1 cebolla

1 pimiento verde

6 dientes de ajo

2 chorizos de guisar

1 morcilla ibérica extremeña (las de Fregenal de la Sierra, lo mismo que los chorizos, son sublimes)

Granos de pimienta negra

1-2 cucharaditas de pimentón dulce de la Vera

1 hoja de laurel

Aceite de oliva

1 vaso de vino blanco, si es Fino, mejor.

Sal 

Yo no lo he puesto aquí, pero esto lleva un buen golpe de pimienta de la PM, porque unos callos sin su toque de picante, a mí no me cuadran, pero allá ustedes.

A pesar de la limpieza concienzuda a que son sometidos los callos, conviene darles un primer hervor y tirar el agua resultante.

 Prepárense para hacer un refrito con la cebolla, el pimiento, los tomates y los ajos.

Añadimos la pimienta negra machacada y el pimentón de la Vera. A continuación, añadimos el vino blanco y dejamos hasta que se evapore.

Hecho el refrito, añadimos los callos y dejamos que se mezclen bien para que vayan cogiendo el sabor de las especies.  Añadimos ½ litro de agua, cerramos la olla y dejamos hervir durante 40 minutos.

Apartamos del fuego, dejamos que la olla pierda presión, abrimos, incorporamos los garbanzos, completamos el agua, si hiciera falta, cerramos y dejamos30 minutos más, hasta que los garbanzos estén blandos.

A esto le pega un buen tinto fresquito o una cerveza de segunda fermentación, pero que cada quien se acomode el “beberaje” a su gusto, que el comistraje ya lo tiene diseñado.

Cuando bajaba de la azotea de mi casa, he caído en la cuenta de que el cuarto de lavado es mi espacio favorito para reflexionar. Allí, al son de los tambores, el tambor de la lavadora y el de la secadora, dejo volar la mente y surgen, como por encanto ideas, palabras añejas, situaciones y cualquier cantidad de eventos pasados o propuestas futuras.

Hoy me vino a la mente la palabra alumbramiento.

Andaría yo rondando los 16 bien cumplidos. Cuando al profesor de literatura se le ocurrió pedirnos una redacción relacionada con la electricidad. El tiempo se limitaba a la hora de la asignatura y en ese momento, mi diccionario mental iba corto de recursos por lo que, no encontrando la palabra precisa, alumbrado, use otra de la misma familia, alumbramiento.

Dado que las dos palabras comparten significado, acción y efecto de alumbrar, al susodicho profesor, le hubiera dado los mismo, pero prefirió hacerme la precisión con bolígrafo rojo y estuvo a punto de arruinar mi futuro como escritor. Menos mal que no le hice caso y por su culpa, me tienes que sufrir cada vez que suenan los tambores en el cuarto de lavado.

A veces el malvado Facebook, me llamaba con su canto de sirena internauta y me ofrecía la posibilidad de ampliar mi radio de acción social, llegando a gente de la que apenas sabía nada y que a lo peor ni estaba interesada en mis reflexiones. Son enlaces que se producen porque están conectadas con un amigo de una prima del hermano de mi pescadero. Al que solo me une el interés por los filetes de cazón que trae de vez en cuando.

Basándome en lo anteriormente expuesto, “señor juez”, hace unos días, tomé la decisión de suprimir mi presencia en cualquier red social habida o por haber en el panorama digital de este jodido planeta.

No crean que lo de jodido es para insultar a la amada Gaia, más bien es para dejar en entredicho a los que, de manera contumaz, andan fundiéndose en los lupanares de la codicia la herencia de nuestros descendientes.

Uno de los motivos que me llevaron a tomar tal medida, es el robo de tiempo al que estaba siendo sometido, de forma voluntaria, al no pararme a analizar las dos caras de la moneda.

Mi participación, más o menos activa, en las redes sociales, estaba debilitando el contenido de mi blog y el pobrecito estaba sometido a una dieta innecesaria, sobre todo si en mi intención no está hacer proselitismo de nada. Cuento lo que cuento y digo lo que digo, solo con la esperanza de que lo leas y si te gusta o no te gusta, me lo digas o no.

Con la decisión tomada, un espíritu en sintonía, me recomendó el documental “The Social Dilemma” que, sin caer en el fundamentalismo, recomiendo vivamente a quienes quieran tener otra visión del problema, suministrada por algunas de las mentes que crearon el monstruo y que intentan evitar a cualquier precio que sus allegados, se sumerjan en el océano de las redes.

Por mi parte, sigo soltando amarras, con la esperanza de que aun estemos a tiempo de reconducir los efectos de este moderno Godzilla, para que no convierta en “bioautómatas” a las próximas generaciones

¡Empezamos bien, mi alter ego y yo! En gerundio. Verbo muy usado por nuestros progenitores para decirnos que, lo siguiente era ya, ahora mismo, en cuanto termine la frase.

Oír la voz de mi madre usar el “gerundio-imperativo” ahuecando, significaba:

  • Arranca la chancleta ya de ya o atente a las consecuencias.

Dejando a un lado el abundante anecdotario, que viene a ser como el contenido del pomo de aceitunas del país, unas más dulces, otras amargas como los chochos y las que fueron entre lo ácido del limón y lo astringente de la naranja agria, dejando todo esto al margen, la vida se compone de un pasado que, a veces recordamos con nitidez y otras andan en medio de una nebulosa. Un presente del que exponemos lo que se puede exponer y a veces silenciamos por interés o necesidad y un futuro, con el que, a veces, jugamos a adivinadores.

Hace más de 10 años, cuando la burbuja inmobiliaria de Rumpelstiltskin Aznar, nos explotó en la cara y la prioridad era salvarles el culo a los amiguetes del IBEX 35, mi ignorancia macroeconómica, me decía que, si ponemos el dinero en manos de quienes lo necesitan, acabará depositándose en los sitios de siempre, o sea los bancos, pero con la diferencia que lo hará después de haber servido a un fin público.

¿Demagogo? Eso fue los más bonito que nos dijeron a los que sosteníamos esa tesis.

Escuchar a alguien cuya economía dependía de los impuestos que tu pagaras, decir que a los ricos no se le podían subir los impuestos porque dejarían de crear puestos de trabajo, era más sangrante que escuchar a unos de esos “ricos”, pidiendo dinero para el combustible del yate.

Hace unos días, pero con más de diez años de retraso, el Fondo Monetario Internacional, descubre que, si le das el dinero a los que ya lo tienen, lo único que consigues es aumentar su patrimonio y eso no se traduce necesariamente en la creación de riqueza, pero si lo redistribuyes entre la gente que lo necesita, al final acaba siempre, vía tiendas, servicios, viajes, vacaciones y otros gastos, en los sitios de siempre. Eso si, no crecerán las ventas en artículos de lujo innecesarios, coches de alta gama, etc.

Según Kristalina Georgieva, habrá que actuar de forma coordinada para hacer frente a la situación generada por la pandemia del Covid-19.

La cosa es de tal magnitud que la prestigiosa economista y doctora en ciencia infusa por la universidad de Bobania, Isabel Díaz Ayuso, ha dicho que el FMI, tatachannnn, se equivoca.

Ahora solo falta que detrás de esa disparatada afirmación cuele la consabida coletilla del tardofranquismo, acusando al citado organismo de Bolivariano, chavista, socialcomunista y mucho más, por haber marcado unas directrices que son de sentido común, a saber:

  • Ayudas directas a las personas, pequeñas y medianas empresas
  • Apoyo de las economías emergentes para evitar el crecimiento asimétrico.
  • Subida de impuestos a las grandes fortunas, impuesto de sociedades, etc.
  • Refuerzo del sistema público, sanidad, educación.

Parece que al final, el FMI se ha dado cuenta de aquella máxima atribuida a Einstein, según la cual, si eres parte del problema, no puedes ser parte de la solución y al parecer, también han aplicado otra máxima aún más radical: Hay cosas que no se solucionan cambiando de página, a veces, es necesario cambiar de libro.

Desde la geometría, la arquitectura o la lengua, un punto puede ser la diferencia entre todo o nada.

En el cine, elegir el punto de vista de la cámara nos condicionará a la hora de ver la escena.

Lo saben muy bien los de las inmobiliarias, cuando nos ofrecen esas imágenes de minúsculos apartamentos, que parecen los salones de Versalles, pero cuando entramos en ellos, nos preguntamos que habíamos bebido el día que vimos el anuncio.

Imagínense la elección de un punto en el mapa. Dependiendo de la escala, un error de un milímetro, puede ser la diferencia entre caer en una playa paradisiaca o en las fauces de un cocodrilo marino en pleno Outback australiano.

Se podría escribir un tratado sobre puntos que provocan hechos, pero no es esa mi intención.

Solo pretendo marcar un minúsculo punto en el mapa del océano Atlántico; mi isla.

Desde la isla donde vivo, se generan eventos, cuyo efecto produce cambios en otros puntos del planeta y eso marca la diferencia. Uno de ellos, barrios orquestados, que, según sus creadores, cito textualmente:

 BARRIOS ORQUESTADOS no es solo un proyecto pedagógico con fines artísticos; más bien, esto sería el medio para alcanzar metas más elevadas ya mencionadas en la introducción y que no merecen reiterarse.
Inicialmente, el proyecto pretende crear orquestas de cuerda frotada (violines, violas, cellos y contrabajos) en todos los barrios periféricos del Archipiélago canario que tengan necesidades especiales a nivel social y cultural, y donde la cultura llega aletargada o, simplemente, no llega por diferentes motivos.

Para ello, se comenzó en un barrio de cada isla, realizando un curso piloto que fue el germen para ir aumentando el número de barrios de manera exponencial siempre que las condiciones lo han permitido.

Se crearon unas bases de admisión donde se valora el nivel de respeto y compromiso por el proyecto por parte de cada aspirante y de sus familiares más cercanos, así como las aptitudes musicales de cada uno (no siendo este un valor excluyente en sí mismo).

Todo el aprendizaje se realiza en grupo: desde la sujeción del instrumento y el aprendizaje del lenguaje musical hasta la ejecución de una partitura.

La enseñanza es absolutamente gratuita. Debe ser el amor a la música y a la actividad grupal lo que les haga apreciar su permanencia en el proyecto; de lo contrario, serán relegados de ese derecho trasladando su oportunidad al siguiente aspirante de una lista de espera.

Tan enorme es el efecto producido por este proyecto a nivel local, que ha saltado el océano, para seguir dando frutos en Honduras.

Como decía al principio, un punto, una cagadita de mosca en el mapamundi, puede marcar la diferencia.

Hasta aquí, mi aportación. Solo intento visibilizar a través de mi blog, el trabajo de unas personas empeñadas en usar la música como vehículo para el crecimiento personal y la igualdad de oportunidades.

Ni te imaginas lo orgulloso que estoy de pertenecer a un pueblo así.

Ser canario es algo más que un hecho geográfico, es un estado mental, una forma de ser y de sentir. Puedes haber nacido fuera de las islas, como es mi caso, pero los canarios disfrutamos también de un privilegio único en el mundo, podemos nacer donde nos de la gana.

Puedes encontrarlos en:

www.barriosorquestados.org

http://www.barriosorquestados.blogspot.com

https://www.facebook.com/BarriosOrquestados

Si hacemos una inmersión lingüística en el océano de las palabras, encontraremos en una gruta casi olvidada el sonoro nombre, que no es sino la unión de varias palabras, “máquina de la china”, lo cual no significa que el aparatoso artilugio procediera del país oriental, porque en la mayoría de los casos, se fabricaban en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, país conocido a nivel coloquial en Canarias como Inglaterra.

Aquellos monstruos a vapor que nos iban abriendo los caminos, con su inconfundible verde inglés y letras rojas en sobre relieve, se utilizaron en las carreteras canarias hasta bien entrados los años 60 del siglo pasado.

Nadie nos había dicho que era una apisonadora, pero todos habíamos visto que el artilugio en cuestión servía para allanar la última capa de piedras pequeñas, en el asfaltado de las carreteras y cuyo nombre en castellano es china.

                El caso es que, durante un buen tiempo, fue mi seudónimo, mi distintivo de combate dialectico en las trincheras de la prensa local.
Saltar de ahí a un blog, fue una cuestión de tiempo y de creer en mí.

Llegó un momento en el decidí utilizar mi arsenal lingüístico, en otras batallas más gratificantes y en ese camino ando con mi “maquinachina”, intentando allanar caminos, frase que debo a mi primo Orlando, sanador de cuerpos a tiempo completo y alimentador de almas con teclado y cámara fotográfica incorporados.

La idea de una receta acompañando a cada artículo es, que yo sepa, algo propio y no visto en otros blogs. ¿El motivo? Si no te gusta lo escrito, disfruta de la receta que casi siempre está buena.

También podía haberte dicho que usé ese nombre porque me dio la gana, pero habiendo tantas palabras y tan poca gente que las usa, me pareció más amigable, juntar unas cuantas y escribir esto que, si has llegado hasta aquí, te acabas de leer enterito.

LA RECETA

En los países de tradición cristiana, incluso entre los ateos, se conservan una serie de tradiciones gastronómicas, que han pasado de España al resto del mundo.

                En el caso de Canarias, a pesar de estar rodeados de mar por todas partes, no todo el mundo tenía acceso al pescado fresco para consumir es esta época del año. Si a eso sumamos que los barcos canarios faenaban tradicionalmente en el banco sahariano y hasta bien entrado el siglo XX, el método de conservación más corriente era la salazón, entenderemos que uno de los platos con mayor tradición en estos atormentados roques, sea el Sancocho Canario que, a diferencia de otros sancochos elaborados en países de habla hispana, se hace con pescado salado.

Aunque en la actualidad se ha diversificado la salazón, hacia otras especies, las más abundante y apreciada es el cherne, por lo que me referiré a ese pescado en la receta.

Cuando se elabora un sancocho, las cantidades son orientativas, porque si sobra pescado, se hace encebollado al día siguiente y si sobran papas o batata, se pasan por la sartén y le sirven de acompañamiento al encebollado. Lo que nunca he visto que sobre es la tradicional pella de gofio, cuya elaboración es todo un arte.

Para evitarme problemas de espinas, escamas o piel, suelo comprar el cherne salado en lomos que vienen ya desprovistos de casi toda la chatarra y de paso le dejan un sabor más suave al resto de los ingredientes.

Para 4 personas vamos a necesitar:

1 Kg de lomo de cherne salado

2 Kg de papas nuevas

1 Kg de batata blanca (boniato para los que saben idiomas)

Para la pella de gofio:

½ Kg de gofio.

1 cucharadita de sal

1 cucharadita de azúcar

1 Cucharada de aceite de oliva

Agua (la necesaria para que el amasado sea consistente y se pueda manejar con la mano o con el tenedor)

Por tradición suelo usar agua con gas y lo alegro con unas gotas de ron.

Para el mojo:

1 cabeza de ajos

3 tomates maduros asados, pelados y sin semillas

½ pimiento rojo (se puede sustituir por 1 cucharada grande de la pulpa de pimiento choricero)

1 cucharada de comino

1 cucharada de orégano

1 cucharada de pimentón de la Vera

1 pimienta de la puta madre

1 vaso grande de aceite

¼ de vaso de vinagre.

Sal (la justa)

¡Vamos a calmarnos, que ya se acabó la lista!

La liturgia del sancocho, empieza 48 horas antes, cuando se lava el pescado y se pone de remojo en agua fría, a ser posible, dentro del frigorífico, cambiando el agua al menos una vez. Si son lomos desprovistos de piel y espinas, es suficiente con 24 horas.

También haremos el mojo el día anterior, para que se vayan fundiendo los sabores. Yo suelo hacerlo a mano, en un Almirez, mortero, machacador o molcajete, como dicen los mexicanos, pero si quieres ahorrarte trabajo, lo tiras todo junto en una buena batidora y “fuego a la campana”. Te saldrá de un color tirando a salmón, pero de sabor es casi lo mismo.

El día de autos, que suele ser viernes santo, una horita antes de comer, se pone al fuego un caldero donde quepan el pescado, las papas y la batata, con abundante agua sin sal. En cuanto empiece a hervir, se echan dentro por este orden, las papas, el pescado y al final la batata.

Tanto las papas como la batata, se pondrán sin pelar y muy bien lavadas, con estropajo si hiciera falta. Así evitamos que se desmigajen durante la cocción. Al final, cada quien, le retira la piel a las suyas.

La pella de gofio. –

En una fuente de borde alto echamos el gofio, el azúcar, la sal y el aceite. A continuación, vamos añadiendo agua con cuidado hasta que, al amasar con las manos, no se quede pegada. Se le da forma de pan y se corta en porciones que puedan manejarse con el puño.

Si lo analizas bien, la del sancocho, más que una receta es un tratado etnológico sobre Canarias, pero esa… es otra historia