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1.- HABITÁCULOS Y GUARIDAS.

1.1.- EL EXTRAÑO CASO DE LA TUBERÍA INVISIBLE. –

Corrían los últimos años 60 del siglo pasado, cuando mi familia volvió a caer con los bártulos en Cádiz.

Esta vez el agraciado pueblo fue San Fernando y la guarida de turno, un conjunto de habitáculos en un edificio de la calle Murillo con el número 17 en la fachada. Allí vivíamos junto a otras familias, un número indeterminado de guardias solteros y los integrantes del servicio de información, como llamaban a una especie de policía secreta perteneciente a la benemérita.

La casa, si nos despojamos de los prejuicios derivados de su antigüedad y sucesivas modificaciones para su uso como acuartelamiento, era digna de mejor tratamiento y, como vivienda bien acondicionada, hubiera hecho las delicias de cualquier familia.

Por el portón que daba a la calle, se accedía a un patio rebosante de flores, en el que confluían todos los habitáculos del interior. ¿Las pegas? Un solo baño para todos los habitantes del recinto, la inexistencia de duchas y de agua corriente en las viviendas, cuyo único servicio, se reducía a un grifo en medio del patio.

Como escenario para un sainete de los hermanos Álvarez Quintero, hubiera estado bien, pero como realidad diaria para los que allí pernoctábamos, era una soberana mierda, cuya única responsable era la dictadura franquista y su ejecutora, la Dirección General de la Guardia Civil, a cuyo mando se encontraba el general Luis Diez Alegría, que acabó siendo jefe de la casa militar del dictador hasta la muerte de este en 1975.

El caso al que título como la tubería invisible, sucede en los últimos meses del año 1969.

Noviembre, mes en el que me incorporé al resto de la familia, fue un mes lluvioso y desagradable, al que las paredes del desvencijado patio, de vecinos uniformados de verde, recibió como esponja sedienta. Los muros festoneados de un verde musgo abundante, parecían sacados de una leyenda de Bécquer para la decoración del relato.

En uno de los descansos pluviométricos, nos pusimos a la tarea de instalar la antena del televisor. Así es, en 8 años, habíamos pasado de ver el primer televisor en una casa de Cádiz a tener el nuestro, cuyo coste era casi 2 veces el salario de un suboficial de la Guardia Civil de la época.

Salvado el paréntesis tecnológico-comercial, continuo el relato de la tubería.

Con todos los elementos a mano, me dispuse a abrir un agujero donde clavar el consabido tarugo de madera, al que enroscar el cáncamo para sujetar la antena.

Mi taladro se reducía a un martillo y un clavo de una cuarta de largo y del grueso de un bolígrafo Bic.

Aguantó la pared los tres primeros mandarriazos, como si no fuera con ella la cosa, pero al cuarto, se hundió el clavo casi hasta la cabeza y al sacarlo, manó un chorro de agua del tamaño del agujero, que duró más de medio minuto en parar.

La cosa fue de tal magnitud, que mi madre, asustada, sentenció:

-¡Acabas de perforar una tubería!

Pasados unos segundos de desconcierto, nos hicimos a coro la misma pregunta:

– ¿Qué tubería, si el agua solo llega al patio?

La razón del abundante manantial, estaba en la propia estructura de la pared. Había almacenado tanta agua de lluvia en su interior, que aprovechó el primer agujero para deshacerse de ella.

La cosa hubiera sido de anécdota, si no fuera porque en los dormitorios llovía de techo para abajo y mi familia tuvo que soportar las pésimas condiciones de la vivienda mientras nuestro padre estuvo destinado en ese cuartel.

LA RECETA. –

Por esas fechas, frecuentábamos una tienda en el camino de los astilleros de Bazán cuya dueña, la Señora Luisa,  preparaba todos los domingos una buena olla de Menudo Gaditano que, salvando las distancias, es lo más parecido a nuestros callos con garbanzas.

Es esta una receta que, hace unas décadas, había que pensársela dos veces antes de llevarla a cabo, pues su base son las fibras del estómago de la vaca y había que lavarlas a conciencia para eliminar aromas desagradables. Hoy, todo el proceso se hace en origen y se compran listos para guisar.

INGREDIENTES. –

1 Kilo de callos de ternera

400 gr de garbanzos cocidos

1/4KG de tomate triturado

1 cebolla

1 pimiento verde

6 dientes de ajo

2 chorizos de guisar

1 morcilla ibérica extremeña (las de Fregenal de la Sierra, lo mismo que los chorizos, son sublimes)

Granos de pimienta negra

1-2 cucharaditas de pimentón dulce de la Vera

1 hoja de laurel

Aceite de oliva

1 vaso de vino blanco, si es Fino, mejor.

Sal 

Yo no lo he puesto aquí, pero esto lleva un buen golpe de pimienta de la PM, porque unos callos sin su toque de picante, a mí no me cuadran, pero allá ustedes.

A pesar de la limpieza concienzuda a que son sometidos los callos, conviene darles un primer hervor y tirar el agua resultante.

 Prepárense para hacer un refrito con la cebolla, el pimiento, los tomates y los ajos.

Añadimos la pimienta negra machacada y el pimentón de la Vera. A continuación, añadimos el vino blanco y dejamos hasta que se evapore.

Hecho el refrito, añadimos los callos y dejamos que se mezclen bien para que vayan cogiendo el sabor de las especies.  Añadimos ½ litro de agua, cerramos la olla y dejamos hervir durante 40 minutos.

Apartamos del fuego, dejamos que la olla pierda presión, abrimos, incorporamos los garbanzos, completamos el agua, si hiciera falta, cerramos y dejamos30 minutos más, hasta que los garbanzos estén blandos.

A esto le pega un buen tinto fresquito o una cerveza de segunda fermentación, pero que cada quien se acomode el “beberaje” a su gusto, que el comistraje ya lo tiene diseñado.

Cuando bajaba de la azotea de mi casa, he caído en la cuenta de que el cuarto de lavado es mi espacio favorito para reflexionar. Allí, al son de los tambores, el tambor de la lavadora y el de la secadora, dejo volar la mente y surgen, como por encanto ideas, palabras añejas, situaciones y cualquier cantidad de eventos pasados o propuestas futuras.

Hoy me vino a la mente la palabra alumbramiento.

Andaría yo rondando los 16 bien cumplidos. Cuando al profesor de literatura se le ocurrió pedirnos una redacción relacionada con la electricidad. El tiempo se limitaba a la hora de la asignatura y en ese momento, mi diccionario mental iba corto de recursos por lo que, no encontrando la palabra precisa, alumbrado, use otra de la misma familia, alumbramiento.

Dado que las dos palabras comparten significado, acción y efecto de alumbrar, al susodicho profesor, le hubiera dado los mismo, pero prefirió hacerme la precisión con bolígrafo rojo y estuvo a punto de arruinar mi futuro como escritor. Menos mal que no le hice caso y por su culpa, me tienes que sufrir cada vez que suenan los tambores en el cuarto de lavado.

A veces el malvado Facebook, me llamaba con su canto de sirena internauta y me ofrecía la posibilidad de ampliar mi radio de acción social, llegando a gente de la que apenas sabía nada y que a lo peor ni estaba interesada en mis reflexiones. Son enlaces que se producen porque están conectadas con un amigo de una prima del hermano de mi pescadero. Al que solo me une el interés por los filetes de cazón que trae de vez en cuando.

Basándome en lo anteriormente expuesto, “señor juez”, hace unos días, tomé la decisión de suprimir mi presencia en cualquier red social habida o por haber en el panorama digital de este jodido planeta.

No crean que lo de jodido es para insultar a la amada Gaia, más bien es para dejar en entredicho a los que, de manera contumaz, andan fundiéndose en los lupanares de la codicia la herencia de nuestros descendientes.

Uno de los motivos que me llevaron a tomar tal medida, es el robo de tiempo al que estaba siendo sometido, de forma voluntaria, al no pararme a analizar las dos caras de la moneda.

Mi participación, más o menos activa, en las redes sociales, estaba debilitando el contenido de mi blog y el pobrecito estaba sometido a una dieta innecesaria, sobre todo si en mi intención no está hacer proselitismo de nada. Cuento lo que cuento y digo lo que digo, solo con la esperanza de que lo leas y si te gusta o no te gusta, me lo digas o no.

Con la decisión tomada, un espíritu en sintonía, me recomendó el documental “The Social Dilemma” que, sin caer en el fundamentalismo, recomiendo vivamente a quienes quieran tener otra visión del problema, suministrada por algunas de las mentes que crearon el monstruo y que intentan evitar a cualquier precio que sus allegados, se sumerjan en el océano de las redes.

Por mi parte, sigo soltando amarras, con la esperanza de que aun estemos a tiempo de reconducir los efectos de este moderno Godzilla, para que no convierta en “bioautómatas” a las próximas generaciones

¡Empezamos bien, mi alter ego y yo! En gerundio. Verbo muy usado por nuestros progenitores para decirnos que, lo siguiente era ya, ahora mismo, en cuanto termine la frase.

Oír la voz de mi madre usar el “gerundio-imperativo” ahuecando, significaba:

  • Arranca la chancleta ya de ya o atente a las consecuencias.

Dejando a un lado el abundante anecdotario, que viene a ser como el contenido del pomo de aceitunas del país, unas más dulces, otras amargas como los chochos y las que fueron entre lo ácido del limón y lo astringente de la naranja agria, dejando todo esto al margen, la vida se compone de un pasado que, a veces recordamos con nitidez y otras andan en medio de una nebulosa. Un presente del que exponemos lo que se puede exponer y a veces silenciamos por interés o necesidad y un futuro, con el que, a veces, jugamos a adivinadores.

Hace más de 10 años, cuando la burbuja inmobiliaria de Rumpelstiltskin Aznar, nos explotó en la cara y la prioridad era salvarles el culo a los amiguetes del IBEX 35, mi ignorancia macroeconómica, me decía que, si ponemos el dinero en manos de quienes lo necesitan, acabará depositándose en los sitios de siempre, o sea los bancos, pero con la diferencia que lo hará después de haber servido a un fin público.

¿Demagogo? Eso fue los más bonito que nos dijeron a los que sosteníamos esa tesis.

Escuchar a alguien cuya economía dependía de los impuestos que tu pagaras, decir que a los ricos no se le podían subir los impuestos porque dejarían de crear puestos de trabajo, era más sangrante que escuchar a unos de esos “ricos”, pidiendo dinero para el combustible del yate.

Hace unos días, pero con más de diez años de retraso, el Fondo Monetario Internacional, descubre que, si le das el dinero a los que ya lo tienen, lo único que consigues es aumentar su patrimonio y eso no se traduce necesariamente en la creación de riqueza, pero si lo redistribuyes entre la gente que lo necesita, al final acaba siempre, vía tiendas, servicios, viajes, vacaciones y otros gastos, en los sitios de siempre. Eso si, no crecerán las ventas en artículos de lujo innecesarios, coches de alta gama, etc.

Según Kristalina Georgieva, habrá que actuar de forma coordinada para hacer frente a la situación generada por la pandemia del Covid-19.

La cosa es de tal magnitud que la prestigiosa economista y doctora en ciencia infusa por la universidad de Bobania, Isabel Díaz Ayuso, ha dicho que el FMI, tatachannnn, se equivoca.

Ahora solo falta que detrás de esa disparatada afirmación cuele la consabida coletilla del tardofranquismo, acusando al citado organismo de Bolivariano, chavista, socialcomunista y mucho más, por haber marcado unas directrices que son de sentido común, a saber:

  • Ayudas directas a las personas, pequeñas y medianas empresas
  • Apoyo de las economías emergentes para evitar el crecimiento asimétrico.
  • Subida de impuestos a las grandes fortunas, impuesto de sociedades, etc.
  • Refuerzo del sistema público, sanidad, educación.

Parece que al final, el FMI se ha dado cuenta de aquella máxima atribuida a Einstein, según la cual, si eres parte del problema, no puedes ser parte de la solución y al parecer, también han aplicado otra máxima aún más radical: Hay cosas que no se solucionan cambiando de página, a veces, es necesario cambiar de libro.

Desde la geometría, la arquitectura o la lengua, un punto puede ser la diferencia entre todo o nada.

En el cine, elegir el punto de vista de la cámara nos condicionará a la hora de ver la escena.

Lo saben muy bien los de las inmobiliarias, cuando nos ofrecen esas imágenes de minúsculos apartamentos, que parecen los salones de Versalles, pero cuando entramos en ellos, nos preguntamos que habíamos bebido el día que vimos el anuncio.

Imagínense la elección de un punto en el mapa. Dependiendo de la escala, un error de un milímetro, puede ser la diferencia entre caer en una playa paradisiaca o en las fauces de un cocodrilo marino en pleno Outback australiano.

Se podría escribir un tratado sobre puntos que provocan hechos, pero no es esa mi intención.

Solo pretendo marcar un minúsculo punto en el mapa del océano Atlántico; mi isla.

Desde la isla donde vivo, se generan eventos, cuyo efecto produce cambios en otros puntos del planeta y eso marca la diferencia. Uno de ellos, barrios orquestados, que, según sus creadores, cito textualmente:

 BARRIOS ORQUESTADOS no es solo un proyecto pedagógico con fines artísticos; más bien, esto sería el medio para alcanzar metas más elevadas ya mencionadas en la introducción y que no merecen reiterarse.
Inicialmente, el proyecto pretende crear orquestas de cuerda frotada (violines, violas, cellos y contrabajos) en todos los barrios periféricos del Archipiélago canario que tengan necesidades especiales a nivel social y cultural, y donde la cultura llega aletargada o, simplemente, no llega por diferentes motivos.

Para ello, se comenzó en un barrio de cada isla, realizando un curso piloto que fue el germen para ir aumentando el número de barrios de manera exponencial siempre que las condiciones lo han permitido.

Se crearon unas bases de admisión donde se valora el nivel de respeto y compromiso por el proyecto por parte de cada aspirante y de sus familiares más cercanos, así como las aptitudes musicales de cada uno (no siendo este un valor excluyente en sí mismo).

Todo el aprendizaje se realiza en grupo: desde la sujeción del instrumento y el aprendizaje del lenguaje musical hasta la ejecución de una partitura.

La enseñanza es absolutamente gratuita. Debe ser el amor a la música y a la actividad grupal lo que les haga apreciar su permanencia en el proyecto; de lo contrario, serán relegados de ese derecho trasladando su oportunidad al siguiente aspirante de una lista de espera.

Tan enorme es el efecto producido por este proyecto a nivel local, que ha saltado el océano, para seguir dando frutos en Honduras.

Como decía al principio, un punto, una cagadita de mosca en el mapamundi, puede marcar la diferencia.

Hasta aquí, mi aportación. Solo intento visibilizar a través de mi blog, el trabajo de unas personas empeñadas en usar la música como vehículo para el crecimiento personal y la igualdad de oportunidades.

Ni te imaginas lo orgulloso que estoy de pertenecer a un pueblo así.

Ser canario es algo más que un hecho geográfico, es un estado mental, una forma de ser y de sentir. Puedes haber nacido fuera de las islas, como es mi caso, pero los canarios disfrutamos también de un privilegio único en el mundo, podemos nacer donde nos de la gana.

Puedes encontrarlos en:

www.barriosorquestados.org

http://www.barriosorquestados.blogspot.com

https://www.facebook.com/BarriosOrquestados

Si hacemos una inmersión lingüística en el océano de las palabras, encontraremos en una gruta casi olvidada el sonoro nombre, que no es sino la unión de varias palabras, “máquina de la china”, lo cual no significa que el aparatoso artilugio procediera del país oriental, porque en la mayoría de los casos, se fabricaban en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, país conocido a nivel coloquial en Canarias como Inglaterra.

Aquellos monstruos a vapor que nos iban abriendo los caminos, con su inconfundible verde inglés y letras rojas en sobre relieve, se utilizaron en las carreteras canarias hasta bien entrados los años 60 del siglo pasado.

Nadie nos había dicho que era una apisonadora, pero todos habíamos visto que el artilugio en cuestión servía para allanar la última capa de piedras pequeñas, en el asfaltado de las carreteras y cuyo nombre en castellano es china.

                El caso es que, durante un buen tiempo, fue mi seudónimo, mi distintivo de combate dialectico en las trincheras de la prensa local.
Saltar de ahí a un blog, fue una cuestión de tiempo y de creer en mí.

Llegó un momento en el decidí utilizar mi arsenal lingüístico, en otras batallas más gratificantes y en ese camino ando con mi “maquinachina”, intentando allanar caminos, frase que debo a mi primo Orlando, sanador de cuerpos a tiempo completo y alimentador de almas con teclado y cámara fotográfica incorporados.

La idea de una receta acompañando a cada artículo es, que yo sepa, algo propio y no visto en otros blogs. ¿El motivo? Si no te gusta lo escrito, disfruta de la receta que casi siempre está buena.

También podía haberte dicho que usé ese nombre porque me dio la gana, pero habiendo tantas palabras y tan poca gente que las usa, me pareció más amigable, juntar unas cuantas y escribir esto que, si has llegado hasta aquí, te acabas de leer enterito.

LA RECETA

En los países de tradición cristiana, incluso entre los ateos, se conservan una serie de tradiciones gastronómicas, que han pasado de España al resto del mundo.

                En el caso de Canarias, a pesar de estar rodeados de mar por todas partes, no todo el mundo tenía acceso al pescado fresco para consumir es esta época del año. Si a eso sumamos que los barcos canarios faenaban tradicionalmente en el banco sahariano y hasta bien entrado el siglo XX, el método de conservación más corriente era la salazón, entenderemos que uno de los platos con mayor tradición en estos atormentados roques, sea el Sancocho Canario que, a diferencia de otros sancochos elaborados en países de habla hispana, se hace con pescado salado.

Aunque en la actualidad se ha diversificado la salazón, hacia otras especies, las más abundante y apreciada es el cherne, por lo que me referiré a ese pescado en la receta.

Cuando se elabora un sancocho, las cantidades son orientativas, porque si sobra pescado, se hace encebollado al día siguiente y si sobran papas o batata, se pasan por la sartén y le sirven de acompañamiento al encebollado. Lo que nunca he visto que sobre es la tradicional pella de gofio, cuya elaboración es todo un arte.

Para evitarme problemas de espinas, escamas o piel, suelo comprar el cherne salado en lomos que vienen ya desprovistos de casi toda la chatarra y de paso le dejan un sabor más suave al resto de los ingredientes.

Para 4 personas vamos a necesitar:

1 Kg de lomo de cherne salado

2 Kg de papas nuevas

1 Kg de batata blanca (boniato para los que saben idiomas)

Para la pella de gofio:

½ Kg de gofio.

1 cucharadita de sal

1 cucharadita de azúcar

1 Cucharada de aceite de oliva

Agua (la necesaria para que el amasado sea consistente y se pueda manejar con la mano o con el tenedor)

Por tradición suelo usar agua con gas y lo alegro con unas gotas de ron.

Para el mojo:

1 cabeza de ajos

3 tomates maduros asados, pelados y sin semillas

½ pimiento rojo (se puede sustituir por 1 cucharada grande de la pulpa de pimiento choricero)

1 cucharada de comino

1 cucharada de orégano

1 cucharada de pimentón de la Vera

1 pimienta de la puta madre

1 vaso grande de aceite

¼ de vaso de vinagre.

Sal (la justa)

¡Vamos a calmarnos, que ya se acabó la lista!

La liturgia del sancocho, empieza 48 horas antes, cuando se lava el pescado y se pone de remojo en agua fría, a ser posible, dentro del frigorífico, cambiando el agua al menos una vez. Si son lomos desprovistos de piel y espinas, es suficiente con 24 horas.

También haremos el mojo el día anterior, para que se vayan fundiendo los sabores. Yo suelo hacerlo a mano, en un Almirez, mortero, machacador o molcajete, como dicen los mexicanos, pero si quieres ahorrarte trabajo, lo tiras todo junto en una buena batidora y “fuego a la campana”. Te saldrá de un color tirando a salmón, pero de sabor es casi lo mismo.

El día de autos, que suele ser viernes santo, una horita antes de comer, se pone al fuego un caldero donde quepan el pescado, las papas y la batata, con abundante agua sin sal. En cuanto empiece a hervir, se echan dentro por este orden, las papas, el pescado y al final la batata.

Tanto las papas como la batata, se pondrán sin pelar y muy bien lavadas, con estropajo si hiciera falta. Así evitamos que se desmigajen durante la cocción. Al final, cada quien, le retira la piel a las suyas.

La pella de gofio. –

En una fuente de borde alto echamos el gofio, el azúcar, la sal y el aceite. A continuación, vamos añadiendo agua con cuidado hasta que, al amasar con las manos, no se quede pegada. Se le da forma de pan y se corta en porciones que puedan manejarse con el puño.

Si lo analizas bien, la del sancocho, más que una receta es un tratado etnológico sobre Canarias, pero esa… es otra historia

Es la pregunta del millón y si me dieran uno por cada vez que me la hago, tendría una inmensa fortuna… de lo que fuera, porque nunca se dice   de qué es el millón.

El caso es que si me la he respondido y siempre con el mismo resultado. Escribo porque me gusta. No sé si lo hago bien o mal y, aun así, todo depende del ojo lector, pues al final es quién decide si son galgos o son podencos, Tomás de Iriarte dixit.

Escribo sobre lo que me pasa, lo veo, lo que siento, incluso lo que huelo o palpo. En cada una de las palabras estoy yo y cuanto tengo que decir.

Cuando se iluminan los entresijos de mi sesera, la palabra fluye con facilidad, aunque en más de una ocasión debo volver atrás para matar antes de nacer aquello que se quiere decir, pero no se debe… o no se puede.

Al hilo de esta cuestión decía el dibujante Quino, padre-madre de Mafalda:

  • No es necesario decir todo lo que se piensa, en cambio, si es necesario pensar todo lo que se dice.

Tiene esto que ver con aquellas veces en que el corazón o el estómago, tienden a ponerse por encima del cerebro y se hace necesario ponerles brida para que no se desboquen. De no ser así, en más de una ocasión hubieran salido a relucir los parientes de algún político o las vergüenzas del periodista de turno, por poner dos ejemplos inocuos, aunque a veces suelto las riendas, me sale la vena chancletera y me quedo más a gusto que una cabra en un sembrado de millo.

Sé que a veces, pasa demasiado tiempo entre un escrito y el siguiente, pero no lo elijo yo, la magia solo se activa cuando me lo pide el cuerpo. Son de variada naturaleza los interruptores que ponen en marcha el proceso, un nombre, una voz, el canto de un pájaro, una foto, un suceso o el simple recuerdo de un instante de mi infancia.

¿Qué escribo para mí? Sí, pero no solo por eso. A nadie le amarga un dulce y de una u otra manera, todos queremos trascender a través de nuestra obra, sea poniendo un ladrillo, armando una mesa o escribiendo algo. Así que, cuando alguien te lanza a la cara un piropo sobre lo que escribes, se produce un terremoto de sensaciones y se te quedan el cuerpo y el espíritu, arregladitos por una fracción de tiempo que dura como el del cuento… Lo que dura, dura. Lo justo para embarcarte en otra aventura con letras.

Si yo fuera mujer, estaría cabreadísima con el universo entero, incluso si no me hubiera tocado nacer en uno de esos países donde los hombres se empeñan en disfrazarnos de preservativo para salir a la calle. Si, de preservativo, por muy colorido que sea el forro.

Desde el principio se nos convierte en las malas de la película o del culebrón, porque la cosa viene de lejos. Desde el mismísimo paraíso terrenal.

Ya en el paraíso me convirtieron en inductora de un delito, adultera, pederasta y progenitora de un asesino. Si no, explíquenme como se pudo llegar a la humanidad que somos hoy, solo con una mujer y cuatro hombres. Si yo era la única mujer y ellos eran 4, saquen las cuentas.

…Y no es que esté dando por cierta la barbaridad que cuenta el antiguo testamento o los libros sagrados de cualquier religión salida de Creciente Fértil, solo digo que la historia, contada desde ese punto de vista, nos ha condenado a una realidad de pesadilla.

Lo cierto es que no hace falta recurrir al pasado para ver que la cosa no ha cambiado demasiado. Solo hay que ver algunos de los mantras que repiten los partidos de la derecha extrema, que en España es lo mismo que decir la derecha:

Uno de ellos viene a decir que, para ser buena mujer tienes que quedarte en casa el 8 de marzo. Salvo que seas participante en un mitin descerebrado de Vox, una convocatoria de apoyo a la hostelería, un concierto de Raphael o cualquier otra burrada de las convocadas por el tardofranquismo con disfraz demócrata.

Si yo fuera mujer, sería muy mala el día 8 de marzo, me echaría el pañuelo púrpura al cuello y seguiría al pie de la letra la frase de la actriz Mae West, “las mujeres buenas van al cielo, las malas vamos a todas partes”, buscaría el primer espacio con las debidas medidas sanitarias para reivindicarme como tal, porque la maniobra del tardofranquismo, cuyas intenciones se ven a la legua, es recuperar la castración a la que las mujeres han estado sometidas desde que el mundo es mundo.

… Y si no, que le pregunten a la pobre Eva.

LA RECETA:

Si contratas a una persona, de sexo y condición femenina, para que haga el trabajo de tu casa, está catalogada como empleada doméstica, pero si la que lo hace eres tú,  lo tuyo es ama de casa y no sé qué haces para quejarte tanto… ¿A que jode?

Saquemos pues a relucir, la cocinera forzosa que todas las amas de casa llevan dentro y vamos a preparar una:

EMPANADA SANDWICH SIN HORNO:

Ingredientes:

¼ Kg de harina normal

1 Cucharadita de levadura de panadero.

75 cl de agua o leche.

150 grs. de jamón cocido.

150grs. De queso graso a elegir.

2 huevos

2 cucharadas de aceite de oliva

Sal.

Amasar la harina con el líquido elegido tibio, la levadura y la sal. Dejar reposar durante media hora para que fermente y crezca.

Cuando haya crecido, hacer dos bolas iguales y extenderlas con un rodillo sin apretar demasiado, hasta que tengan un tamaño algo mayor que el fondo de la sartén que vayas a usar y un grosor aproximado de 1 cm.

Poner una de las láminas en la sartén, colocar el queso, el jamón y los dos huevos levemente batidos, dejando un borde sobrante.  Colocar encima la otra lamina de masa sellando muy bien a la primera para evitar derrames. Colocar la sartén a fuego medio bajo durante 20 minutos de un lado, darle la vuelta y colocar el otro lado durante 10 a 15 minutos con la misma temperatura.

Puede que las primeras veces, te salga algo indescriptible, pero como todo depende del tipo de fuego, de la sartén que uses, etc., verás que con el tiempo puedes presumir de receta

 

 

zanona1200075Hoy quiero hincarle el diente a una historia que, vaya usted a saber la causa, siempre se me escapa de las manos. Les podrá parecer que es una historia sobre mi padre, pero si fuera así necesitaría un libro entero, porque tuvo una vida, siendo anónima, de lo más movidita.

Se podría decir, sin temor a equivocaciones que, en ese sentido, fue un auténtico gato, ya que, en la séptima, entregó los papeles y nos dejó con el corazón encogido y la lagrima a flor de ojo.

…Pero ya les dije que la historia no es sobre mi padre, aunque él sea uno de los protagonistas necesarios.

Corrían los primeros años de la década de los 50 del siglo XX, cuando españoles descontentos con el clima de injusticia reinante en España, se alzaron en los montes de medio país contra la dictadura del general Franco.

Hoy sabemos que, aun cuando los quisieron tildar de maleantes y asalta caminos, una buena parte de ellos, creían firmemente en la devolución del país a la vía democrática

Siempre se habló de ellos como gente sanguinaria y sin escrúpulos, pero de lo que les voy a relatar se deduce, que no todos lo eran o al menos en este caso no lo fueron.

Eran tiempos difíciles para la Guardia Civil y mi padre, más bien por desgracia que por suerte, lo era.  Algún día explicaré, con argumentos contundentes, lo de la desgracia.

El caso es que fue a dar con sus huesos comandando un destacamento situado en la sierra de Zanona, con el fin de combatir a los mal llamados bandoleros

En esa época y a falta de otro vehículo más decente, los movimientos por la zona se hacían a caballo o en mula y no era raro que las patrullas de pasaran jornadas enteras destrozándose el trasero en la impredecible montura.

IMG_20200628_182604Regresaban de una de esas jornadas en la hora bruja, esa que confunde las sombras con bultos y los bultos con sombras, cuando al compañero de mi padre, se le enganchó el gorro de cuartelero en la rama de un alcornoque. Por más que buscaron, la escurridiza prenda, fue como si se la hubiera tragado la tierra.

Cuando llegaron al destacamento, solucionaron como pudieron la ausencia de la prenda obligatoria y pasaron página.

Al cabo unos días y cuando nadie se acordaba del incidente, se acercó a mi padre un vecino de la zona y echando mano al bolsillo de la chaqueta, sacó un gorro de cuartelero con la inconfundible borla roja colgando del frontal. No cabía la menor duda, era el gorro cuartelero de R.P.

Junto con la prenda, iba un mensaje de uno de los maquis, guerrilleros o bandoleros que operaban en los montes de Zanona.

  • Dígale al Cabo Santana que tenga cuidado por donde transita y a qué horas, porque yo estaba en el alcornoque donde se quedó enganchado el gorro de R.P.

La gente de la que hablo, no tenía nada que perder y a decir de la oficialidad franquista eran desalmados asesinos, delincuentes convictos y malhechores sin escrúpulos, pero en la historia de mi padre, no dieron muestras de ser otra cosa que gente normal y corriente a la que las circunstancias habían colocado en ese papel.

Ese fue el día en que mi padre gastó una de sus siete vidas.

LA RECETA.-

Es muy probable que durante la “estancia” de mi padre en el destacamento de Zanona, le hubieran ofrecido unas papas de sartén como las que les propongo a continuación.

De esta receta, hacía mi madre una variante que ya he descrito en un post anterior, aunque en este caso, se sugiera como acompañamiento de una buena carne o unos humildes huevos fritos.

Ingredientes:

Papas

Cebollas

Pimientos rojos

Pimientos verdes

Aceite

Sal

Orégano

Ajos

Es importante tener a mano una sartén honda, donde ir colocando capas de cebolla, pimiento verde, pimiento rojo y papas en rodajas finas. Después de cada camada se debe añadir un chorro de aceite de oliva, te lo juro por mi madre y sal. Una vez que hayamos puesto tres o cuatro capas, volvemos a poner aceite de oliva, mezclado con los ajos machacados y el orégano.

Tapamos y ponemos a fuego muy lento, durante una hora más o menos.

Si ese día, las gallinas se han portado bien, puede ser algo rayando en lo sublime

MIGRANTES

 

cucañasLos vimos llegar desde la orilla de la carretera sin arcén.  Rodando  la delgada línea de asfalto derretido por el calor del verano, llegaban con la casa a cuesta como los caracoles. Venían de cualquier pueblo y de cualquier isla, con el sueño de ganar lo suficiente para construirse un futuro.

Y se lo construyeron, pero no gracias a los que los explotaban hasta la enfermedad, sino a pesar de ellos. A pesar del robo continuado en los kilos de tomates, a pesar de las condiciones de las pocilgas que les reservaban como vivienda y a pesar de los famosos anticipos, que muchas veces endeudaban a familias enteras para las próximas zafras.

  • No hables mal, se decían bajito. Nadie sabe quién puede estar oyendo. cuarteriaMira que, en la próxima zafra, te pueden dar un pedregal donde no crezcan ni los calentones.

Fueron años duros, sobre todo para las mujeres, cuya única resta era el salario, porque en todo los demás sumaban. Sumaban en maltrato, en abusos, en carga de trabajo y   a veces, en violaciones entre surcos y cucañas. Cucañas que fueron el todo en uno de la aparcería, fogón para el potaje de jaramagos, zoco para la caja de tomates a modo de cuna o picadero donde perpetrar el abuso.

Tápate bien, fórrate hasta las cejas. Que no descubran tu juventud y tu belleza. Hazte fea para evitar el acoso de cualquier encargado sin escrúpulos.

Hoy, nadie se acuerda de los que construyeron el Sur de Gran Canaria a base de surcos y camellones, con besanas largas y   acequias de lajas, pero barrios enteros, se fueron levantando a base del esfuerzo de familias migrantes en su propia tierra.

Hoy te puedes permitir la desfachatez de militar en un partido de extrema derecha que se siente incómodo con la migración de los pobres, con el color de los pobres o con los derechos de las mujeres, pero a poco que le saques el polvo a tu apellido, comprobarás que llegaste de Valsequillo, Teror, Lanzarote, Fuerteventura   o cualquier otro rincón del archipiélago. Incluso, puede que tengas parientes, varados   en el sureste peninsular, porque creyeron en la deslocalización de exportadores con apellido, pero sin corazón.

aparceraYa no quedan cultivos de tomate al aire libre.  Los abusos están tapados por las mallas de los invernaderos.  Puede que haya cambiado el color de los actores y la procedencia, pero hay partes de la película que se repiten hoy como ayer.

Tu sabes de sobras quien o quienes son los culpables de la situación. Son los mismos que venden el discurso de odio que   tu   compras y se santifican argumentando que crean puestos de trabajo. Lo que no dicen es que sus puestos de trabajo, llevan salarios de miseria, porque si fueran salarios dignos, los mismos temporeros españoles que se siente a gusto en la vendimia francesa, se sentirían bien en un campo de fresas en Lepe o en un invernadero de pepinos de Matorral.

A maestro Luis… El sabe por que

(*) Las fotos que acompañan este texto, han sido tomadas de la página de la FEDAC.

LA RECETA

El jaramago, es una planta de la familia de las crucíferas, llamada así por su flor en forma de cruz. A la misma familia pertenecen el rábano, el nabo, las coles y coliflores, todos ellos vegetales bien conocidos por desprender un olor característico, mientras se guisan. Con el tiempo, los jaramagos, han pasado de ser un alimento de supervivencia a un artículo de lujo de la gastronomía canaria.

La receta que viene a continuación, está tomada casi íntegramente de la página bienmesabe.org

• 1 kilo de jaramagos
• Medio kilo de papas
• 300 gr. de judías blancas
• 250 gr. de costillas de cochino
• 200 gr. de batata
• 100 gr. de ñame (opcional)
• 3 dientes de ajo
• 1 cucharadita de pimentón
• Media cucharadita de cominos
• Medio vaso pequeño de aceite de oliva
• 1 cucharadita de colorante
• Sal al gusto

Preparación y elaboración. Ponemos a guisar las judías (las dejamos en remojo toda la noche) y las costillas en agua abundante (1 hora aproximadamente). Aparte, hervimos los jaramagos y tiramos el agua para que el potaje no quede demasiado amargo.

Tras guisar las judías, añadimos los jaramagos, papas, ñame, batata, pimiento; todo en trozos pequeños, aceite y el majado de ajos con cominos, pimentón y sal. Al final, el colorante. Cocinar a fuego lento (30 minutos), reposar y servir con queso, vino y gofio amasado. Los tiempos están calculados para olla exprés.

No te imaginas con cuanta alegría hemos recibido la noticia de tu llegada a la familia, después de haber despedido a algunos.

Espero que no te vayas a trincar un mosqueo por el cachondeo generalizado a cuenta de tu género, con esa historia del aguacate.

El caso es que, según cuentan, aterrizaste bien y sin demasiadas turbulencias.

Estoy seguro de que, dadas las fechas veraniegas, hubieras preferido gente que supiera fabricar aires acondicionados, pero parece que la “abuelescencia” es especialista en mantitas y baberos.

Si en algún momento no te sientes a gusto con la ropa, no te preocupes. Piensa que tu padre, correteaba feliz con pijamas de color rosa. Son cosas de tener muchas primas mayores.

Las mantitas tendrán que esperar al invierno, pero los baberos se los puedes ir prestando a esas personas mayores que se asoman a tu zona de reposo y que andan babeándose mientras te contemplan con ojitos de cordero atoletado.

Es una pena que, de momento, solo puedas consumir lácteos y más adelante alguna papilla de aspecto raro, porque abunda la gente de fogones en la familia que te ha tocado y cuando menos te los esperes, se le ocurrirá a alguien atacarte con un cachito de tortilla o una miguita de pescado.

En general, somos buena gente. Algo dados a la fiesta, pero responsables cuando hace falta.

Hay dos personas de las que te vas a tener que hacer cargo durante mucho tiempo, porque en esto de ser padre y madre, no hay universidad que valga y al principio, todo el mundo quiere orientarlos o más bien desorientarlos, pero al final harán lo que les salga de sus santos bemoles para que seas, como dicen los viejos, una persona de provecho.

Espero que tu estancia entre nosotros, sea feliz, larga y placentera.

Con mucho amor

El tío Antonio

P.D. Disculpa que no te ponga receta, pero como te digo, ahora estás a lechita y para eso no hace falta encender el fogón.